dr. ricardo e. alegría gallardo

(san juan, 1921-2011)


Apuntes sobre un Ricardo Alegría Multifacético

Por Dra. Mildred “Siuko” García Ramírez

(Artista plástica, Artesana e Historiadora)


Hace poco, grabé una cápsula de corta duración con el ICP para destacar la vida sacrificada de un colaborador apasionado con la vida nacional de Puerto Rico. Por eso, me encantó saber que este año van a dedicarle la “Campechada” al Dr. Ricardo Alegría. Este año marca el centenario de su natalicio.  Es muy apropiado dedicarle el evento ya que dedicó su vida a rescatar figuras importantes culturales como el gran artista colonial José Campeche. Además del artista Campeche, resaltó otros próceres importantes del Viejo San Juan. Fue antropólogo, arqueólogo, prolífico investigador, restaurador, académico, historiador, escritor, editor, director, y tantos otros oficios más. Don Ricardo daba la impresión engañadora de ser persona pacífica, pero en realidad era un ser muy dinámico. Varios libros evidencian su lucha incansable por la estabilidad de una cultura nacional. 

Ricardo Alegría en la Hacienda Monserrate, Luquillo, Puerto Rico, 1947.

Yo disfruté una estrecha relación con Ricardo Alegría desde 1978. Conocí a Don Ricardo, no desde la perspectiva de un legislador, oficial gubernamental, alcalde, o algún servidor público, sino desde abajo pa’rriba, como una persona de base quien hizo su trabajo con los menos privilegiados. Acababa de llegar de Nueva York en 1976, graduada con un BFA de CUNY, donde había luchado para la instalación de estudios puertorriqueños. Fui a su oficina en la Calle Cristo 52 para que me instruyera en la manera de documentar mis dibujos sobre los originarios de Puerto Rico, los Taínos. Bajo sus consejos, empecé a asistir al Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico donde me gradué recientemente con un doctorado. Lo hice para documentar mi obra pictórica con autenticidad a través de los años y reafirmar mis raíces boricuas. Con Don Ricardo encontré una necesitada afinidad de sentido patriótico.

Con pocos fondos, Don Ricardo estableció un método de instituir nuestras raíces, nuestra historia y nuestra identidad nacional. El Instituto de Cultura Puertorriqueña fue dirigido por él durante 16 años (creado por la Ley 89 de 1955, impulsada por el presidente de los Representantes, Antonio Ramos Antonini). En los años setenta, él estableció el primer Programa de Estudios Puertorriqueños cuando poco se estudiaba sobre la isla (gracias a su iniciativa, ahora hay muchos más en todas partes de Estados Unidos). En los noventa, fundó el Museo de las Américas con una visión panorámica sobre la historia del hemisferio americano. Recordemos que Don Ricardo empezó a lograr todo esto cuando Puerto Rico salía de una pobreza extrema que comenzó con la Invasión de 1898. Estábamos bajo un monopolio industrial azucarero controlado por intereses ajenos, con bases militares por toda la isla. No había interés en desarrollar un patrimonio cultural nacional 

Bajo su mando, el Instituto de Cultura Puertorriqueña nunca cobró dinero para entrar en las decenas de museos creados por voluntarios para beneficiar la educación de los puertorriqueños. Don Ricardo siempre buscó capitales adicionales para restaurar las estructuras históricas como el Antiguo Cuartel de Infantería Española en el Barrio de Ballajá y diferentes zonas en el Viejo San Juan, incluyendo parte de la histórica Muralla encapsulando al Viejo San Juan. Tenía una habilidad increíble para transformar en éxitos situaciones sin aparente esperanza.


Don Ricardo se enfrentó a muchas batallas en su vida para el rescate de nuestro patrimonio cultural y para establecer respeto hacia las idiosincrasias que nos representan como pueblo. Un ejemplo que viene en mente, casi siempre mencionado por él, fue confrontar el oleaje de gestos para industrializar la isla desmedidamente. En los años cincuenta, Luis Ferré, Teodoro Moscoso y Jaime Benítez, entre otros, se opusieron a la propuesta de Ricardo Alegría para declarar el Viejo San Juan un lugar histórico de patrimonio cultural. Moscoso, el arquitecto de “Operación manos a la obra,” entendía que todas esas casas viejas deberían tumbarse para hacer rascacielos modernos dignos de la Ciudad Capital. Alegría y sus seguidores pelearon contra viento y marea el equivocado ideal de los modernistas. En los cincuenta, los creyentes en la democracia y justicia, ganaron el derecho de reafirmar y preservar el lugar histórico. Con este logro, se probó las palabras del maestro Pedro Albizu Campos, a quien Don Ricardo guardaba gran respeto: “Basta que se encauce la mentalidad de Puerto Rico por senderos de libertad y responsabilidad, para que ese talento llegue a sorprender la humanidad entera.”


Él siempre tenía su escritorio forrado de proyectos de ley que la legislatura constantemente le enviaban para su revisión. ¡Cuando lo visitaba, casi ni podía verle la cara con tantos archivos! Era muy humilde y te recibía sin importarle lo ocupado que estaba. ¿Qué no hizo Don Ricardo para afirmar la personalidad de nuestro pueblo como parte del archipiélago antillano perteneciente a Latino América? Por años, se pagaba a si mismo solo un dólar como director ejecutivo y Rector del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. No pensaba dos veces ir a lejanas áreas de la Isla para respaldar orgullosos obreros de la cultura con los constructores de los diferentes Centros Culturales del Instituto de Cultura Puertorriqueña, casi todos voluntarios. Nunca recibió recompensa para todas esas horas extras de trabajo. Fue constructor de un imperio cultural que es honrado por todos los representantes de base que él tanto defendió. Su nombre suena desde un lado de la isla al otro en los labios de estos trabajadores de la cultura.

 
Cuando Don Ricardo vio que yo también sometía enmiendas a proyectos de ley de la Legislatura, para mejorar las condiciones de los artesanos y artistas visuales, empezó a ayudarme con mis proyectos. Mi organización, la Asociación de Arte y Folclor, también lo ayudaba con sus peticiones anuales a la UNESCO para reconocerle a Puerto Rico autonomía en la cultura y en el deporte. Con su ayuda, logramos un mercado por 16 años, basado en los valores de las Fiestas de la Calle San Sebastián (él, el Padre Bernabé del Colegio Párvulos y un puño de vecinos de la Calle lograron revivir las antiguas fiestas), donde artistas visuales, músicos, actores, bailadores, escritores y horticultores podían vender sus productos en la plaza principal del país, la Plaza de Armas durante todo el año. Fue con su apoyo a través de cartas a los alcaldes de turno que pude lograr este proyecto. Tanto los alcaldes del Partido Nuevo Progresista, como los del Partido Popular Democrático, lo respetaban. A través de su vida, había logrado milagrosamente que los diferentes partidos políticos abrazaran la cultura como un espacio compartido.


En los noventa me nombró miembro del Consejo Cultural de San Juan bajo la dirección del entonces alcalde, Héctor Luis Acevedo. El Consejo fue un organismo creado para orientar el nuevo alcalde en asuntos culturales. Hubo una diversidad enorme de recursos en ese Consejo. Representaba las diferentes categorías de la cultura incluyendo los Vecinos de la Calle San Sebastián, historiadores de la talla del Dr. Luis González Vales y la intelectual política Loida Figueroa, el ingeniero y también historiador, Dr. Aurelio Tió, el actor y comediante de primera, José Miguel Agrelot, el músico virtuoso Gustavo Batista, el folclorista y maestro de la bomba puertorriqueña, Modesto Cepeda, el dramaturgo Francisco Arriví, más los diferentes líderes de los sindicatos de los trabajadores entre otros personajes ilustres del que hacer cultural. Ahí pudimos reproducir actas históricas del Ayuntamiento de San Juan, mejorar las actividades las Fiestas de la Calle, crear residencias de artistas, y discutir asuntos de polémica cultural para escuchar y buscar soluciones.

Ellos, con el aval de la Sra. Rafaela Balladares y el artista Tony Maldonado, me encomendaron organizar la parte de los artistas visuales y los artesanos en las Fiestas durante los años noventa. En este momento, formé una cooperativa de organizaciones artísticas para mejorar las condiciones de trabajo a beneficio de los artistas, los artesanos y el público participando en las Fiestas. Con la aprobación unánime del Consejo Cultural, mudamos las presentaciones del Museo de Historia a Ballajá donde había más espacio para presentar obras de arte.

Durante este periodo, Don Ricardo también apoyó mi creación de un Campamento Folclórico de Verano para los 26 centros recreacionales del Municipio de San Juan. Con su respaldo, pudimos adiestrar a 15 jóvenes de los residenciales de la Perla, Cantera, y Llorens Torres para ser líderes recreativos. Los preparamos para compartir con los niños y jóvenes visitantes. Se convirtieron en vejigantes, músicos, bailadores, artesanos, actores y jugadores de juegos folclóricos. El proyecto duró cuatro años. También se les dio entrada a otros campamentos de verano buscando actividades inusuales como los del Banco Popular, Fomento Industrial, Lincoln Military Academy y otros.  

Dr. Ricardo E. Alegría Gallardo, Felisa Rincón de Gautier y el Sr. Luis Rodríguez

(Fotografía: Colección de Fotos del Periódico El Mundo, Universidad de Puerto Rico, 27/11/1964)

Durante los años 80’s mi organización había realizado tres marchas para denunciar el hecho que en el Viejo San Juan no se contaba con piezas auténticas de artistas de origen puertorriqueño. Nuestras denuncias, vestidas folclóricamente y hechas cantando bombas y plenas a todo lo largo de las calles del Viejo San Juan, abochornaron los dueños de las tiendas llenas con arte extranjero que proyectaba a Puerto Rico desfavorablemente. Ricardo Alegría admiró nuestros esfuerzos porque él mismo había luchado tanto para que se sintiera la autenticidad del talento nativo. Desde esa premisa, él formó la semilla para hacer la “Nación en Marcha” de 1996, un acto de desobediencia civil en contra del concepto del IVU y del proyecto de ley que pretendía quitarle el derecho de Habeas Corpus al ciudadano y dejarlo a la merced del poder ejecutivo corrupto. Para apoyar la marcha, él me pidió que ilustrará un folleto para los residenciales alertándolos sobre el pleito del habeas corpus dándose en los foros legislativos. ¡Fue todo un éxito democrático! No se puede esperar menos de una persona quien institucionalizó el primer programa de publicaciones de autores nativos y grabaciones musicales del patio.


Cuando Don Ricardo instauró el Museo de la Herencia Africana en el complejo de instalaciones valiosas antropológicas en Museo de las Américas en Ballajá, me llamó para saber mi opinión sobre su curación del tema. Tal vez fue porque vio que en mi mercado de arte en la Plaza de Armas SIEMPRE se celebraba en noviembre el evento de defender, conservar, fomentar y divulgar los aspectos históricos y verídicos de nuestra negritud. En colaboración con la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, se traían recursos de Cuba, San Tomás y Santa Cruz (como el artista y curador Nii Ahena La Mettle Nunno, quien, con nuestro apoyo, realizó la primera exposición de un verdadero africano en Puerto Rico). Durante esas celebraciones, activamos grupos de baile de bomba valiosos como Paracumbé, los Cepedas, y Guananí. Con casi nada de recursos, hicimos exposiciones en la Casa Aboy y la Galería San Juan Bautista. Pintamos murales en la Perla y en la Escuela República del Perú con temas de héroes y heroínas de Afro descendencia, además de dar conferencias donde se distribuía material educativo gratis (producido por nosotros y publicado por Fomento Industrial) sobre el tema. Don Ricardo permitía que los recursos de afuera se hospedaran en el Centro de Estudios de Puerto Rico y el Caribe, de esa manera haciendo posible nuestro éxito.

Medalla Fundación Alegría


En 2010, un año antes de morir, me llamó a su casa en la Calle Sol y me entregó una medalla de la Fundación Alegría. Hizo esto con personas quienes trabajaron con honestidad y sacrificio sin esperar elogios, recompensa monetaria o poder para promover agendas personales. Escogió a quienes lo ayudaron a lograr su agenda complicada de amor colectivo. Su visión fue amplia e inclusiva y sumamente tolerante. La Medalla, fundida en bronce por el escultor Philip Sumpter, nombra en la parte posterior las diferentes disciplinas realizadas en su programa de acción cultural como antropología, arqueología, historia, literatura, artesanía, artes plásticas, música, teatro, y otros. Entre los recipientes de esta Medalla, se encuentran el historiador de arte y pintor, Osiris Delgado; la escritora  y directora de la Casa Aboy, Maritza Rosado; el fundador de varias organizaciones políticas en pro de la soberanía puertorriqueña, el escritor Juan Mari Bras; la arqueóloga cubana, Lourdes Domínguez, el promotor cultural y exdirector de Artes Populares, Aníbal Rodríguez Vera; el rescatador y promotor de la clase artesanal, Walter Murray Chiesa, la rescatadora de los juegos infantiles, la escritora Calixta Vélez, y otros constructores del cimiento necesario al servicio de la cultura puertorriqueña.

Para mí, fue un honor hablar en la capsula del Instituto de Cultura sobre mi amistad y trabajo voluntario con este gran ser humano quien no debemos de olvidar. Ojalá que las maestras y los maestros de Puerto Rico usen su figura para hablar de las diferentes disciplinas arriba señalado. Como dijo el Dr. Luis M. Díaz Soler, “Comprensivos y comprometidos con un desarrollado sentido de la justicia, difícil de superar por dichas generaciones, éstas deben, cuando menos, seguir las huellas de su vida desinteresada y ejemplar, que honra la razón de su existencia: el amor entrañable por Puerto Rico.”

El Dr. Ricardo E. Alegría junto a la Dra. Mildred “Siuko” García Ramírez.


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